jueves, 5 de octubre de 2017

Leonardo de Figueroa, el gran arquitecto sevillano de la transición del XVII al XVIII

Sus padres, Matías García de Figueroa y Gabriela María de la Encarnación y Reina, que vivían Antequera, cometieron un grave error al planear un viaje hasta Cuenca, aunque por el camino pasaron por Villamalea para visitar a parientes de ese lugar. La ruta de Villamalea a Cuenca seguía por Utiel, en Valencia. Y Leonardo fue a nacer en la villa de Utiel  en ese viaje de 1654: quizá sea la razón por la que este importante arquitecto que se crió en Antequera y al que con diez años fue enviado una casa de la calle Naranjuelo (actual calle Marcelo Spínola), en la collación de San Lorenzo de Sevilla, no haya tenido hasta el momento el reconocimiento que merece de esta ciudad. Nacido en Valencia, su familia residente en Antequera,...pero formado desde temprana edad en Sevilla, ciudad en la que vivió prácticamente toda su vida. La mayoría de estos datos inéditos hasta hace poco tiempo, pues se le suponía de origen valenciano y llegado a Sevilla casado y con hijos, son aportaciones del doctor arquitecto José Manuel Higuera Meléndez. Por tanto, Leonardo Francisco de Figueroa es sin duda el arquitecto sevillano más notable del siglo XVII en nuestra ciudad y solo tiene una calle a su nombre cerca de la Gran Plaza...Pocas instituciones o entidades recuerdan su nombre... A veces se le confunde con hijos y nietos también arquitectos, especialmente por la prolífica arquitectura de su nieto Antonio Ambrosio de Figueroa a lo largo de toda la diócesis de Sevilla.
 A corta edad, en 1672, comienza su trabajos en Sevilla pues suscribió un contrato de aprendiz de cuatro años con el maestro albañil José García, natural de San Juan del Puerto y terminó casándose con la hermana de este, Isabel Quintero o García.
A partir de 1679 trabajó en las obras de la iglesia y hospital de la Caridad que cuenta con dos patios iguales unidos y cuyo diseño pudo ser apreciado por el fundador del hospital, Miguel de Mañara en el Hospital de Tavera de la ciudad de Toledo, del siglo XVI.​ El diseño que empleó para el ático de la fachada de la iglesia está también en la Colegiata del Salvador de Sevilla.
Hacia 1681 empezó a trabajar como ayudante de albañilería del arquitecto Juan Domínguez en el Hospital de los Venerables Sacerdotes y Leonardo le sustituyó como maestro mayor de la obra entre 1687 y 1697.
En el mismo año realizó sendos contratos para hacer obras en la casa de Carmona de Fernando de Rueda, coincidiendo con su segundo matrimonio con María de la Barrera, natural de Carmona (Ella, probablemente, era pariente de fray Juan de la Barrera, lego dominico en el Convento de San Pablo el Real, actualmente Parroquia de la Magdalena de Sevilla, en el que más tarde intervino.En esas fechas residió en Carmona
Hacia 1690 realizó el claustro del convento de San Acacio, que forma parte del Círculo de Labradores, con entrada por la calle Rioja. A partir de 1691 reconstruyó la iglesia del convento dominico de San Pablo el Real y realizó un nuevo claustro para este convento.​ Sus trabajos en la iglesia y el claustro terminaron en 1709.​ Entre 1704 y 1710 construyó una capilla que se encontraba en el compás del antiguo convento que perteneció a la extinguida cofradía de la Antigua y Siete Dolores y actual Capilla de Montserrat. 
En 1682 arquitecto José Granados de la Barrera, que era maestro mayor de la Catedral de Granada, realizó los alzados para la reconstrucción de la colegiata del Salvador; La obra la dirigió Francisco Gómez Septier y fue sustituido en 1696 por Leonardo de Figueroa, que trabajó en ella hasta 1711.
En 1682 el arquitecto Antonio Rodríguez comenzó la construcción del colegio de navegantes de San Telmo, actual Palacio de San Telmo aunque la falta de medios hizo que el proyecto quedase paralizado hasta que, en 1721, las obras fueron continuadas por Leonardo de Figueroa. En esta obra colaboró de forma importante su hijo Matías y, en menor medida, su hermano Ambrosio.​ Leonardo estuvo trabajando en San Telmo hasta 1726.
En 1697 el cabildo de la catedral de Sevilla contrató a Antonio Rodríguez, a Antonio Fernández y a Leonardo de Figueroa para la realización de unos planos para la restauración del Colegio de San Isidoro, así como para realizar una inspección técnica del molino del Arzobispo y las aceñas de Doña Urraca.​ Desde finales del siglo XVII fue contratado para realizar inspecciones técnicas de la capilla de la Virgen de la Antigua de la catedral, el sagrario de la iglesia de San Lorenzo, el coro de la Casa Profesa de los jesuitas y la cúpula de la Catedral de Cádiz. Desde el 1700 trabajó varios años como alarife de la ciudad de Sevilla.
En 1721 empezó la realización de la capilla sacramental de la  Iglesia de Santa Catalina, en la que colaboró con los mismos con los que trabajaba en San Telmo: sus hijos Matías y Ambrosio y aunque Leonardo fallecería en 1730, las obras de la misma continuaron hasta 1736. 
En 1724 le fue encargada la remodelación del claustro mayor del convento de la Merced, más tarde convertido en Museo de Bellas Artes de Sevilla, realizado por Juan de Oviedo.
Se considera que su obra maestra es la Iglesia de San Luis de los Franceses. Esta fue reconstruida por Leonardo de Figueroa entre 1699 y 1731. Su mayor aportación fue la de proyectar una planta central con ábsides semicirculares en los ejes, inspirado en la iglesia de Santa Inés en la plaza Navona de Roma, resultando una planta y fachada inusuales en Sevilla. Quizá los jesuitas desde la casa madre en Roma apuntaron el proyecto pero hoy, a mi juicio, es su obra cumbre....
Existían en Sevilla una serie de elementos distintivos, vernáculos e incluso emocionantes en la forma de hacer edificios barrocos, así como la concepción de los interiores de templos como de gabinetes de maravillas en los que se apelotonaban santos, columnas, escenas de la virgen, relieves vegetales y coloridas cerámicas, todo ello apuntalado en otros excesos decorativos precedentes: el plateresco y el mudéjar del Alcázar; la utilización del ladrillo... Todos estos elementos los absorbió la arquitectura de Figueroa, lleno de las novedades propias de un arquitecto con las ideas claras y conocedor de lo que se hacía en su tiempo. 
La luz entró en las cuevas repletas de santos. Las fachadas, de repente, comenzaron a dar indicios de la emboscada barroca interior: la portada de los Venerables, las espadañas de San Pablo o la portada del palacio de San Telmo están vivas, lanzan frisos, columnas y otras criaturas en todas direcciones. Figueroa se permitía jugar con la disposición de vanos y columnas, construir grandiosos interiores, como el apoteósico Salvador, o añadir espectaculares cúpulas, como en el propio Salvador o en la Magdalena.

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